domingo, 5 de octubre de 2014
la rebeldía contra la autoridad no es ningun problema
El problema es la rebeldía cotidiana. Con las personas con las que vivimos, con las nuevas que conocemos tomando algo, con aquellas que trabajamos, en el metro, nuestras familias, antiguas y nuevas. El problema es poder ser uno mismo, brillando y no doler ni sufrir, el problema es el contraste cotidiano, en el que estamos, a las miradas, las palabras, ideas, prejuicios. El problema es que ser la persona que quieres, ser el ser que quieres ser, no siempre es una solución para el resto, no siempre te homogeneirizarás con el resto, o te armonizarás con el resto, quizás a veces por el contrario.
Lo que es un verdadero desafío es el contraste cotidiano, sin morir en el intento. Sin morir de desilución de desazón, de soledad, de desamparo. Allí donde uno es y quiere ser, escucha siente y ve la reacción del otro, todos los días a cada momento.
La música y su masividad
La música es esa cosa en la que sólo gente pierde el tiempo sin obligación ninguna. Es decir, toda persona que hace música lo hace por amor, por locura casi, ya que es imposible vivir de ella, o casi imposible.
Aquellos que se dedican a la música o que le dedican tiempo a la música, están haciéndose un tiempo entre sus obligaciones, para hacer algo, sólo con fines de disfrute, de goce, de reencuentro con la creatividad, con la expresión y la sensibilidad, cosas que cada vez tienen menos espejos en esta sociedad cotidiana.
Creo que por ese motivo, porque no nace de ninguna obligación externa (aunque el creador se puede plantear una obligación interna de escuchar una necesidad natural en él), es que la música es tan masiva, por eso todos, absolutamente todos vibramos con la música, con algún tipo de música, por eso hay canales de radio, porque en su creación está aquello que pocas veces se encuentra en otros ámbitos de la vida, la magia de hacer cosas por amor, sin obligación.
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